Tucán tenía un pico colorido y tan largo que a veces chocaba con las ramas y eso lo molestaba mucho.
—Mi pico es muy grande —decía triste.
Los otros pájaros podían comer semillas pequeñas del suelo. Tucán intentaba comer como ellos, pero su pico no podía recoger cosas tan pequeñas.
Una mañana, Ardilla gritó desde lo alto de un árbol
—¡Un mango! Hay un mango enorme y maduro ahí arriba, ¡pero la rama es muy delgada! Si me subo, podría romperse.
Era el mango más grande que los animales de la zona habían visto en sus vidas.
Colibrí voló hasta el mango, pero eran muy pesados para su pico pequeño.
Loro también lo intentó, pero el mango era muy pesado y si caía al suelo quedaría destrozado.
¡Entonces Tucán voló con su gran pico y alcanzó el mango!
—¡Gracias, Tucán! —dijeron todos mientras comían felices—. ¡Tu pico es maravilloso!
Tucán miró su pico colorido y se sintió muy orgulloso. Su pico no era demasiado grande. Era justo lo que necesitaba ser.


